30.8.07

Ha vuelto el pogo



"Mandarina, mandarina, mandarina, mandarina;
somos todos de massacre, de massacre palestina"

Cómo me gustan los cantitos en los recitales!



Más allá de que en el último año mi discoteca aumento algo más que un cien por ciento (y todavía me falta escuchar tanta música!), Massacre fue una de las bandas que mayor impacto hizo en mi cerebro. Como dice Wallas (o "la mucamita"): "Massacre transforma tu psiquis".


Por segunda vez en menos de una semana concurrí a un recital de Massacre. Hasta el sábado pasado no los había visto nunca, y decidí que para el debut no me alcanzaba con un sólo show.
El primero lo disfruté desde la lejanía, me convertí en una observadora participante (cantaba y movía la cabeza, pero desde el fondo). Fue un buen comienzo, sirvió para familiarizarme con el histrionismo de Wallas, el pogo, el mosh y la energía que se crea entre el escenario y la gente.
Ya en la segunda vuelta (hace sólo dos horas) me sentía más cómoda. Arranqué adelante desde temprano, en realidad esa ubicación tenía por objetivo sacar algunas fotos, pero me dio miedo que la cámara no resista y salí al costado para escuchar sin apretujamientos, proteger el valioso aparato que escribe con luz e intentar captar alguna imagen más.
No obstante, esa situación no se prolongó por mucho tiempo, derrepente me invadió una necesidad de saltar, de golpear mi anatomía con la de otros, sin importar quiénes son. Necesité despegar mis zapatillas del suelo, sacudir mis átomos y dejar que la música penetre en mi sin obstáculos. Hacía demasiado que no pogueaba y sentía la música correr así por mi cuerpo.
Massacre me produce eso... En suma, son todo lo que espero de una banda de rock. Letra, música, ideas y energías que me despiertan, me alteran, me dejan carburando, me hacen sonreír, me emocionan.

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